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Al igual que una navaja suiza, con hojas para múltiples servicios, el 3008 combina prestaciones de varios conceptos: del crossover, el aspecto externo, voluminoso y algo atlético; del monovolumen, una posición sobreelevada y varias alternativas de carga y ocupación interior; y de la berlina, una rodadura muy asentada al firme y elementos dinámicos y de confort sofisticados y muy cuidados.
A la vista de los tres conceptos, ¿cuál predomina? Sinceramente, se hace muy difícil decantarse por uno o por otro.
Como crossover, tiene soluciones originales en la tracción y un programa de selección para varios escenarios de conducción. Pero queda limitado a los motores más potentes y no es el caso del sometido a prueba, que es el acceso al ciclo diesel, el 1.6 HDI de 110 CV, todo un comodín en los modelos y marcas del grupo PSA.
Además, la circulación off-road queda limitada a grados de dificultad medios-bajos, a causa de la ausencia del equipamiento de estos componentes de tracción. No obstante, en la carrocería destacan elementos como una muy leve altura libre ganada al suelo (entre 148 y 158mm), además de un parabrisas visiblemente echado hacia adelante, una amplia superficie acristalada y zonas frontal y trasera angulosas y poderosas para reafirmar músculo y poderío.
Como monovolumen, el aspecto externo está muy acentuado, pero la marca del león acaba de presentar un modelo compacto en este segmento, el 5008, con lo que, o ha jugado a propósito a la canibalización, o ha establecido de una vez por todas las diferencias. La primera de las opciones no es razonable en estos tiempos de crisis. En este apartado, hay recursos muy llamativos como la posibilidad de establecer tres niveles de altura en el maletero graduando la altura de la bandeja; y para obtener una posición de suelo absolutamente plano, sencillamente se abaten los asientos posteriores y se recoger y encajan perfectamente los reposacabezas.
Los elementos funcionales se conjugan muy bien con los elementos de confort. La posición de conducción sobreelevada permite una excelente visión panorámica frontal, lateral y trasera. Los asientos son muy cómodos, y recogen y sujetan el cuerpo a excepción del clásico asiento posterior central, con menores comodidades. Pese a aceptar a regañadientes la intrusión de un túnel central enorme que quita movilidad a las piernas, se trata de un buen recurso para que los botones y dispositivos del coche estén al alcance de la mano. La familiarización es inmediata, así que se consigue rápidamente una accesibilidad manual y visual de primera.
Como berlina, juegan a su favor los aspectos rutero y dinámico, y el hecho de que comparte plataforma con la berlina auténtica (308), pese a que visualmente no se confirme esa intencionalidad. Y, sin embargo, en este juego de los despistes, la buena distancia entre ejes, la anchura y altura proverbiales, y el recorte de los voladizos delantero y trasero, centran muy bien el eje de gravedad. El coche avanza con una solvencia pasmosa, al mismo tiempo que traza las curvas sin la más mínima pérdida de posición. Es decir, berlina a tope.
La versión 1.6 HDI del 3008 tiene la ventaja -o inconveniente- que no cuenta con el sistema Dynamic Rolling Control (una especie de tercer amortiguador que facilita un giro muy plano), un equipamiento reservado a los vehículos más potentes. El 3008 se basta y se sobra, con la rigidez de su estructura, para circular con total sensación de estabilidad.
Las suspensiones mantienen el esquema clásico McPherson en el tren delantero, y la barra estabilizadora en el trasero, una conjunción de plenas garantías que, con unos recorridos plenamente ajustados, conforma la solidez de todos los elementos dinámicos y un confort de marcha de muy alto valor.
Decir algo del motor puede dar la sensación de que se acotan las opiniones ya formuladas en las muchas pruebas que se han hecho en modelos de los distintos segmentos del grupo automovilístico francés. Pero no puede eludirse el hecho de que vuelve a sorprender este propulsor, de prestaciones numéricas modestas, en el comportamiento general del coche. Aquí, si cabe, el test es más exigente a causa de las especiales condiciones de su masa y estructura, y porque arrastra un peso más acorde con cilindradas superiores. Puede con ello y con una alegría digna de mención. Se queda atorado en los regímenes muy bajos, pero cuando rebasa el umbral de las 1.500 revoluciones, empuja de forma sorprendente y su capacidad de recuperación acentúa sus cualidades ruteras.
La caja de cambios es manual, transformada recientemente para dar cabida a una sexta relación que no se conforma con el papel pasivo de influir en el consumo. Al contrario, se trata de un paso más del engranaje y de lo ajustado y bien proporcionado de sus desarrollos. La dirección sabe colocar en todo momento el coche en la trazada adecuada, y los frenos, aunque dejan sentir un tacto esponjoso algo incómodo, no restan eficacia y son resistentes a la fatiga.
El precio le deja en situación de equilibrio, con algo de exceso, respecto a la competencia. Nominalmente, se ubica alto, pero compensa con un equipamiento muy a la última en elementos de seguridad y de control automático, con algunas concesiones como la pantalla transparente que facilita información completa sobre el estado del coche y, al estar fuera del salpicadero, ayuda a no desviar la visión frontal.
Estamos, sin duda, ante una creación original que juega con los tres conceptos actuales mejor acogidos en el mercado automovilístico, un guiño inequívoco a clientes: se puede optar a todo en un mismo modelo. Posiblemente, siga la estela del Nissan Qashqai, que tan bien ha jugado la baza del multiconcepto.
Fuente: EFE
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