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El Mazda CX-7 suma ahora argumentos visibles para ser tenido en cuenta en el mercado. Con el nuevo motor diesel, utilizado también por el Mazda 6 y por modelos como el Ford Mondeo, Mazda ha hecho llegar al mercado una actualización del CX-7.
Algunos retoques en la carrocería y en el equipamiento han revitalizado un modelo con gran fuerza visual, distinto a los del segmento, habitualmente de formas cuadradas.
En el nuevo exterior, las proporciones son mayores, por ejemplo, en la nueva parrilla inferior
En el interior es notable el empaque del tablero y de la consola central. La calidad visual y el tacto han mejorado gracias a nuevos materiales en la guarnición y en el salpicadero. La marca asegura que con estas nuevas terminaciones la resistencia a la suciedad es mayor.
El conductor dispone ante sí un nuevo volante y tres nuevos relojes tridimensionales con iluminación indirecta azul y agujas blancas, y un salpicadero en forma de doble voladizo que integra una doble pantalla, la de navegación y visión posterior para ayudas en las maniobras de aparcamiento, y, al lado, la que ofrece la información, en tipografía roja, del sistema multimedia y del ordenador de a bordo.
Clima de confort
El clima de confort es el esperado en un Mazda: muy elevado. Igual de elevada es la cintura de la carrocería, una circunstancia que determina las sensaciones percibidas por el conductor en cualquier maniobra, porque parece que lleva entre sus manos un coche más grande de lo que es realmente, aunque sus 4,7 metros de longitud le colocan a un peldaño de entre los más grandes de su naturaleza.
El espacio habitable es amplio para cinco pasajeros, aunque como ya es normal en el mercado, el central trasero va a ir incómodo. El maletero es suficiente para cinco viajeros.
El confort acústico es otra cuestión. Aunque el fabricante asegura haber realizado un notable esfuerzo en la insonorización del habitáculo al ruido aerodinámico y del motor, el resultado final no es tan refinado como cabría esperar. Este motor, de naturaleza ruidosa, se manifiesta como tal en todos los ciclos de funcionamiento, aunque sin llegar a ser molesto. El nivel de vibraciones y la sonoridad son aceptables, colocándose en este aspecto en un terreno medio, porque entre sus semejantes los hay más y menos ruidosos, sin atender a su categoría social.
Con sus 173 caballos, 10 más que los proporcionados en la berlina, este propulsor mueve con agilidad los 1.800 kilos del todocamino. No es rabioso en las aceleraciones, pero sí resuelto en las respuestas y en las recuperaciones.
Un Par de 400 Newton por metro garantizan la salida del coche de los pozos en que se sume cuando rueda en ritmos suaves. El motor está gestionado por una caja manual de seis velocidades de escalonamiento bien ajustado. La palanca ofrece recorridos medios y un tacto de utilización consistente. Una caja automática no le sentaría mal a este todoterreno.
Con los ajustes dados a este motor, el fabricante ha logrado un consumo ajustado, ya que en la prueba con un estilo de conducción sin grandes concesiones a la conducción ecológica, se obtuvo una media de 9 litros. Además, este motor es especialmente limpio, al estar equipado con un filtro de partículas y un sistema de reducción catalítica selectiva.
Conducción sencilla
La conducción del CX-7 es sencilla, salvo esa sensación de coche grande que entorpece las maniobras de aparcamiento. Admite un estilo muy similar al que se practica con una berlina, con las precauciones debidas al tamaño, altura y peso, tres factores que merman agilidad.
En movimiento rectilíneo, el CX-7 tiene una rodadura con mucho aplomo. Pisa bien cualquier superficie, aunque copie en exceso las rugosas poniendo decibelios extra al habitáculo.
Y en curvas aparecen las limitaciones impuestas por la talla del todocamino. Los pasajeros, no obstante obtiene una sensación de mayor movimiento que el real generado por todo el conjunto, que muestra una excelente rigidez a la torsión, que está entre las mejores del segmento.
Lo cierto que una buena suspensión y un buen bastidor hacen que el CX-7 tenga los andares muy parecidos a los de un familiar tipo 'wagon'. Las curvas de radio amplio son las mejores para el CX-7, y las cerradas, las peores. En estas es mejor tomarse las cosas con calma para no marear a la compañía o para evitar que el chasis se sature en los cambios de apoyo.
Desde el punto de vista comercial, el CX-7 diesel se ofrece con un precio competitivo frente a sus competidores de prestaciones similares, las que le colocan en la cúspide de un segmento que está plagado de opciones motrices de menor rango y, consecuentemente, de precio más bajo.
Fuente: EFE
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