ALFA ROMEO 159 1.9 JTD 150 CV: Agresivo, elegante y bien equilibrado
11-04-2006
Sin abandonar los trazos más representativos del 156, Alfa ha potenciado la agresividad en el nuevo 159 gracias a un diseño m
Con unas líneas evocadoras y muy novedosas en su segmento y un motor eficaz, consistente y fiable, el atractivo 159 reivindica la calidad que atesoran en esta nueva etapa los automóviles de la firma transalpina, una de las marcas con una clientela más fiel y entregada.
Los verdaderos “alfistas”, aquellos propietarios de modelos Alfa Romeo convencidos de las virtudes deportivas, estéticas y emblemáticas de esta marca, no necesitarán detalles a penas para verse persuadidos por las muchas virtudes de este coche, una de las últimas creaciones de la factoría italiana. Los fervientes entusiastas de Alfa, que sólo cambian de modelo pero nunca de marca, conocen mejor que nadie la evolución que ha experimentado este fabricante en los últimos años y saben que los tópicos y la fama de los coches italianos forman parte de la leyenda. Antes se
decía que los automóviles de esta y otras marcas fabricados en Italia eran sólo diseño; un precioso escaparate tras el cual se escondían a menudo defectos de fabricación, fallos mecánicos, problemas eléctricos y en definitiva una fiabilidad cuestionable.
Pero con productos como el 159, la realidad se impone a cualquier otra consideración, ya que la factura de esta berlina, además de impecable a nivel estético, es también de primera categoría en aspectos como el comportamiento, la respuesta mecánica, el confort interior y la configuración general. A falta de contrastar con kilómetros las impresiones iniciales, el 159 se puede calificar de digno competidor de las berlinas alemanas, conocidas por su equilibrio y fiabilidad mecánica. Sí que es cierto, sin embargo, que el principal reclamo que sigue utilizando Alfa es un diseño arrebatador.
Esta vez, se ha valido de la genialidad que atesora el estudio de Giorgetto Giugiaro para firmar un vehículo que logra combinar los rasgos deportivos clásicos (morro alargado y afilado, zaga compacta, cintura alta, musculoso y robusto pero también ligero y dinámico) con una sorprendente imagen, moderna, casi futurista y avanzada respecto a otros coches de su categoría.
En este juego visual cobran un protagonismo especial sus ópticas frontales triples independientes, carentes de la habitual carcasa envolvente que las protege y agrupa. La parte posterior comparte los rasgos más definitorios con su antecesor, el 156, y destaca por sus pilotos rasgados ubicados horizontalmente que se adentran en la tapa del maletero.
Aplomo y excelencia dinámica El chasis del 159 es quizás una de las mayores sorpresas positivas de este coche, que por sus dimensiones y su peso –4,66 m y más de tonelada y media–, no parece que vaya a responder tan bien como lo hace. Lo cierto es que de nuevo debemos recorrer al concepto de equilibrio, puesto que el 159 posee un balance extraordinario entre deportividad, eficacia y confort. Su puesta a punto denota una preferencia clara hacia la conducción dinámica y con tendencia hacia la deportiva. La suspensión, dura pero no seca, está admirablemente calibrada para ofrecer los mejores resultados posibles tanto en confort como en seguridad. Gracias a ella hace gala de un gran aplomo y un elevado paso por curva, sin apenas balanceos de carrocería que afectan a la comodidad de sus ocupantes.
Todo ello le convierte en una afinada herramienta de uso diario, como berlina de representación pero también como berlina “deportiva”. Sólo en firmes con el asfalto muy roto, el traqueteo acaba notándose. Por lo que se refiere a la dirección, este es otro de los apartados que merece un reconocimiento especial. Como es ya costumbre en los automóviles de Alfa Romeo, la dirección es un referente en rapidez y precisión, lo que le aventaja respecto a otras berlinas en carretera y autovía, pero le perjudica ligeramente en ciudad y a la hora de aparcar. Eso sí, su rapidez obliga a mantener una atención constante sobre ella, agarrando el volante fuertemente y sin margen a posibles despistes. Ahora bien, apuntar y trazar es todo uno con el 159.
En cuanto al cambio de marchas, hay que decir que se beneficia de unos recorridos más bien largos, lo que contribuye a lograr unos consumos ajustados, y la palanca es precisa y rápida. Por contra, está demasiado cerca del cuadro de instrumentos del panel central, con lo que al insertar marchas largas, la mano tropieza con frecuencia con el tablier, activando sin querer alguno de sus dispositivos. Lo cierto es que falta espacio para majarla con soltura.
La frenada presenta una buena capacidad de detención del coche, con un mordiente estimable y sin síntomas de fatiga aparentes. Por otra parte, el ESP y el TCS (desconectables ambos) se muestran muy tolerantes con una conducción agresiva, no interfieren en los deseos del conductor y sólo actúan cuando es necesario.
El motor adecuado Esta versión es la que necesita este coche, ya que por peso y por capacidad de chasis la de 120 CV se queda claramente corta. El equilibrio lo encontramos de nuevo en la de 150 CV por sus buenos registros y sus consistentes prestaciones, por la comodidad de su reserva de potencia y por su inmediatez de respuesta por encima de las 1.500-2.000 rpm (por debajo es realmente perezoso).
Paralelamente, la rumorosidad y el consumo se mantienen a raya en todo momento. Por lo que se refiere al interior, el salto de calidad en acabados y materiales y también equipamiento es muy notable respecto a su antecesor, el 156, un coche sensiblemente más pequeño y limitado en el mercado actual.
De todos modos y a pesar del estimable aumento de cotas, las plazas traseras no presentan una habitabilidad fuera de serie y el maletero se manifiesta algo justo para un vehículo de sus características; viajar con todos los ocupantes abordo se supone que ha de ser algo frecuente.