Bajo el capó se esconde el motor 2.0 CRDI, que ofrece un rendimiento intachable.
Cuando nos encontramos ante un producto tan cuidado como este Kia, que ofrece un exterior renovado, un interior en el que los acabados han mejorado bastante y, sobre todo, un motor con un rendimiento impecable, resulta bastante claro que será uno de los “top” en las listas de monovolúmenes más vendidos. Si, además, añadimos un precio muy asequible, no nos quedará ninguna duda sobre su éxito.
Hasta que, el próximo marzo, llegue el motor 1.6 16 V – con 105 CV -, el CRDI será la única versión disponible del nuevo Carens. Sin embargo, será difícil ver una lucha fratricida en las ventas de ambos modelos, pues es muy posible que el buen hacer de la mecánica Diesel (con 2 L, inyección directa y 112 CV – 110 según nuestro Centro Técnico) enganche a la mayoría de los compradores.
Argumentos no le faltan: el propulsor cuenta con doble árbol, 16 válvulas, turbo, intercooler y un funcionamiento impecable. La respuesta al acelerador es muy rápida y empuja sin
problemas desde las 1.500 r/m hasta las 4.000, proporcionando un régimen de utilización muy amplio.
Así, en autopistas (el hábitat natural del Carens) obtendremos unas buenas aceleraciones y recuperaciones, si bien no debemos llamarnos a engaño: los 1.500 kg de este monovolumen resultan un lastre a la hora de afrontar repechos pronunciados o adelantamientos, por lo que, en estos casos, tendremos que recurrir al cambio –con unos desarrollos bien escogidos- e insertar una marcha menos.
En condiciones normales, este Kia es capaz de ofrecer a su conductor una velocidad de crucero de 160 km/h y todavía tendrá margen para alcanzar un ritmo mayor si pisamos el acelerador. Como muestra de su nobleza, no nos pasará la factura en forma de consumos altos, pues se conforma con 11 L/100 km si rodamos deprisa. Respetando los límites de velocidad, no necesitaremos más de 8 L de combustible por cada 100 km recorridos. Las consecuencias de un ritmo elevado están en el nivel de sonoridad que se introduce en el habitáculo: los ocupantes tendrán que sufrir una rumorosidad algo molesta, aunque no lo suficiente como para comprometer el confort de marcha.
Al abandonar las autopistas, el Carens pierde parte de su buen hacer, pues su volumen no le permite afrontar los giros con soltura. Aun así, salva con dignidad las curvas cerradas, en las que las suspensiones (pensadas para la comodidad de los pasajeros) y el bajo nivel de agarre de los neumáticos –Kuhmo- no transmiten la seguridad suficiente como para imprimir un ritmo elevado en los trazados de montaña.
A pesar de estos defectos, será en este tipo de vías en las que más se agradezca el buen trabajo de la dirección asistida, que transmite con fidelidad lo que sucede entre las ruedas y el asfalto, y del equipo de frenos, que consigue detener el vehículo en distancias inferiores a las obtenidas por sus rivales y cuenta con un buen tacto y mordiente. Lavado de cara Acompañando al rediseño exterior –con un nuevo voladizo trasero que le permite crecer en tamaño-, Kia también ha decidido retocar el habitáculo de su Carens, que cuenta con unos acabados correctos y un diseño moderno en la consola central, prueba de la evolución de la marca con el paso de los años.
El puesto de conducción es cómodo –los asientos sujetan el cuerpo correctamente y apenas se acusa el paso de los kilómetros- y destaca por la visibilidad que ofrece, gracias a su posición elevada. Además, unos espejos retrovisores de gran tamaño facilitan la percepción de todo lo que ocurre a nuestro alrededor.
El espacio disponible en el interior es más que suficiente para cinco personas e incluso para seis, una opción por la que habrá que desembolsar 300 €, 50.000 pesetas. Sin embargo, los “extras” son casi anecdóticos en un vehículo que, tras el descuento aplicado por la marca, tiene un precio de 15.268 € (2.540.000 pesetas). Por este importe obtendremos un monovolumen con ABS, control de tracción, aire acondicionado, elevalunas eléctricos y cierre centralizado: un equipamiento considerable, que puede ampliarse con el equipo de sonido o la pintura metalizada, opciones que rondan los 250 y los 300 €, respectivamente, y que convierten al Carens en uno de los automóviles con mejor relación calidad/precio de su segmento.