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JAGUAR S-TYPE R 4.2 V8: Puro capricho
28-01-2005

El motor se comporta con una gran suavidad, otorgando la impresión de estar dotado de una cilindrada mayor.
El comportamiento, las prestaciones y la potencia que desarrolla este Jaguar ya son más que suficientes como para llamar la atención. Si, además, añadimos una línea elegante, un interior de lujo y la exclusividad que posee la marca, entenderemos por qué hay tantos conductores que han hecho de este automóvil su objeto de deseo. Por desgracia, sólo aquellos con una cuenta corriente muy saneada podrán regalarse este “capricho”.


Cierto es que existen coches con cifras de prestaciones capaces de hacer palidecer a los “topes de gama” de las marcas generalistas, más o menos exclusivos, y, especialmente, con un precio más asequible que el del Jaguar S-Type R, pero el que opta por este vehículo lo hace movido por razones que tienen poco que ver con argumentos “lógicos”: simplemente, aspira a “lo mejor de lo mejor” y, sobre todo, tiene dinero para pagarlo.

Los más de 77.000 € (más de 12 millones de pesetas) que cuesta este vehículo están justificados por sus acabados, comportamiento e imagen,
aunque a su conductor le sobran los motivos. Sin embargo, aquellos que no podemos aspirar a uno de estos automóviles necesitamos alguna justificación más y la primera de ellas es el motor, sobrealimentado por compresión mecánica y no por turbo, que se comporta como propulsores de cilindrada superior.

La potencia (nada menos que 400 CV) va aumentando progresivamente, aunque hay que hacer una matización: a 1.500 r/min ya dispone del 80 % de su par máximo, lo que nos da una idea de la fuerza del propulsor en la zona baja del cuentavueltas. Esto no significa que nos quedemos sin “cuerda” al ir subiendo, ya que la caja de cambios (automática y de seis marchas) se encarga de buscar siempre la mejor relación acorde al ritmo que llevemos.

Los desarrollos son largos, lo que propicia una menor rumorosidad del motor y unos consumos más “contenidos”, si es que se puede aplicar dicho término a un gasto de combustible de 9 L/100 km en carretera y nada menos que 18 L/100 km en ciudad.

El cambio se puede manejar en modo casi secuencial con el J-gate, un dispositivo que marca el régimen que no debemos sobrepasar, impidiendo hacer recuperaciones a base de par. Además, en el cuadro de mandos no hay una referencia de la marcha insertada y, como ha sido pensado para llevar el volante a la derecha, cuando se cambia de sitio para adaptarlo a la conducción de la mayoría de los europeos, la palanca del cambio oculta el número reseñado en la consola central.

El bastidor posee un comportamiento intachable, gracias, en parte, a un chasis revisado recientemente, que ha mejorado su resistencia. El otro causante del buen hacer de este Jaguar es el equipo de amortiguación, que, aunque sólo ofrece dos posibilidades de tarado, funciona endureciendo antes el eje trasero cuando se entra en una curva a baja o media velocidad, con lo que se tiende a eliminar el subviraje. En los giros lentos realiza la operación contraria y resta nerviosismo a la actuación del vehículo.

En todo caso, es difícil hablar de situaciones en las que el conductor se vea comprometido: un ligero toque al equipo de frenos (firmado por Brembo) y la situación quedará controlada. Las dimensiones más que generosas de los discos –365 mm delante, 330 mm atrás- garantizan una frenada poderosa y una gran resistencia al calentamiento. Esto se complementa con unos neumáticos que ofrecen un buen nivel de agarre, aunque, como contrapartida, habrá que cambiarlos con relativa frecuencia si se les da un uso intensivo.

El valor de la exclusividad
 
No cabe duda de que el afán de poseer un vehículo superior al de los demás mortales es una de las razones que impulsan a la compra de este coche. Sin embargo, existen muchos coches con estas características (Audi, Mercedes o BMW son algunas de las marcas que se nos vienen a la cabeza) y que, sin embargo, no ofrecen la exclusividad que denota el Jaguar, un vehículo muy poco visto, con un tinte deportivo en todos sus modelos –la marca ha sabido explotar muy bien sus dos décadas de triunfos en Le Mans- y un aire de sofisticación directamente heredado de la tradición inglesa.

Todos estos detalles pueden percibirse desde el exterior y, por supuesto, continúan en el interior: asientos de cuero (no existe otra opción), amplitud generosa y un equipamiento más que completo. Si el conductor quiere personalizar aún más su vehículo, tiene una lista de opciones en las que los “extras” comienzan con “menudencias” como el control por voz de las funciones básicas de la consola central, el ajuste eléctrico de los pedales o un parabrisas térmico (aparte de un cargador de 6 CD’s, un sensor de aparcamiento o un sensor de lluvia que bien podrían formar parte del equipamiento de serie, dado el coste del vehículo) y termina por el navegador con televisión. El precio de este dispositivo supera los 4.000 €, pero, teniendo en cuenta la tarifa del Jaguar S-Type R, ¿qué puede importar que la factura suba un poco más?

JAGUAR S-TYPE R 4.2 V8


  • Motor
  • Suavidad De Conducción
  • Aplomo En Curva
  • Altura Plazas Traseras
  • Espacio Maletero
  • Palanca Modo 'secuencial' J-gate


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