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Una velocidad punta de 120 km/h, limitada por seguridad, y una autonomía urbana de 200 kilómetros son sus armas de hoy para abrir un mercado de movilidad eléctrica que supone, en realidad, el regreso del coche eléctrico a la vida cotidiana.
Es el primer turismo en hacer acto de presencia en el mercado europeo, aunque es un viejo conocido del sector, porque el proyecto data de 1998 y fue vendido en 14 países, pese a que sus argumentos técnicos no son los mismos de hoy.
En tres metros
El pequeño eléctrico de Think, de aspecto parecido a un Chevrolet Matiz, ofrece en poco más de tres metros de longitud, un
El Think tiene el chasis de un utilitario convencional, adaptado para alojar las baterías bajo el suelo del bastidor, y una carrocería con paneles en plástico, que sustituye a la chapa.
El frontal del coche está caracterizado por dos ópticas ovales, elevadas sobre la línea del paragolpes, en tanto la trasera está marcada por un gran portón de cristal de acceso al espacio de carga.
Su habitáculo
El habitáculo no se diferencia al de un utilitario convencional. El arranque por llave, el cuadro de instrumentos con velocímetro y el nivel de carga de la batería constituyen los elementos básicos frente al conductor, que dispone de una caja automática para el control de la transmisión.
Curiosamente, resultan familiares gran número de componentes interiores, desde el volante, heredado del Ford Fiesta, a la botonería, también Ford. La posición del conductor, en altura similar a la de un monovolumen compacto, es confortable. La visibilidad es excelente y también la luminosidad del habitáculo.
El procedimiento de encendido es casi idéntico al de un coche con motor térmico. Un giro de llave, breves segundos de espera hasta que el sistema activa los sistemas, se pulsa un botón en el salpicadero y una luz verde autoriza el engranado de la transmisión, porque no hay más sonido que un liviano zumbido. A partir de aquí sólo hay que acelerar o frenar.
La respuesta al acelerador es instantánea y contundente. El coche sale desde cero con mucho ímpetu y lo acompaña un zumbido que puede llegar a ser molesto por su rango de frecuencia.
El coche acelera, frena y se recupera con la prontitud de un pequeño GTI. En el tráfico urbano se mueve sin complejos. Es generalmente más ágil que los demás en las salidas desde los semáforos.
En las calles, uno más
Sus 120 km/h de velocidad punta garantizan la solución a cualquier situación, especialmente por la capacidad, casi instantánea, de recuperación.
La transmisión automática ofrece un segundo modo de avance, en el que el motor actúa como freno reductor y regenerador de energía, lo que incrementa en algunos kilómetros la autonomía.
Las curvas no son el mejor escenario para el Think City. Las resuelve con suficiencia, pero se nota pesado.
La autonomía es una de las grandes ventajas del Think City. Mientras el resto de los fabricantes alcanza rangos de 120 kilómetros en el mejor de los casos, éste los supera con 200 kilómetros y sin haber incorporado todavía -lo hará a partir de febrero- los acumuladores de iones de litio.
Con las baterías actuales de níquel-sodio, el tiempo de recarga en tomas de corriente de 220 voltios es de alrededor de 10 horas para obtener del 100% de la capacidad, con un coste de 1,60 €, y ocho horas para llegar a un 80%. La garantía es para alrededor de 2.000 ciclos de recarga.
El precio
El precio es, sin duda, un inconveniente en la decisión de compra. Pero con este coche, como con ningún otro, hay que tener en cuenta variables nuevas.
Además del coste por cada cien kilómetros recorridos, en torno a 80 céntimos, el mantenimiento se reduce a una hora anual; el precio del seguro es menor (en Noruega un todo riesgo para este urbano se sitúa en poco más de 250 €), así como los costes de reparación, ceñidos al precio de la pieza, y su instalación. A todo ello se le suma la gratuidad de aparcamiento y el permiso de acceso a zonas urbanas limitadas al tráfico convencional.
Fuente: EFE
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