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Hablar del Range Rover es hacerlo de un todo
El Land Cruiser de Toyota nació con la dureza como característica principal, pero ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos y ha ‘dulcificado’ sus maneras para atraer tanto al que gusta de lujo y confort como al que necesita el 4x4 para trabajar.
En el test que te presentamos, comparamos las dos versiones Diesel más potentes de ambas gamas y nos hacemos una pregunta: ¿cuál es el mejor todo terreno premium?
Es cierto que en los últimos años, muchas marcas premium se han lanzado a la conquista del segmento de los 4x4, ya sea a través de los llamados SUVs -o todo terrenos ligeros- o a través de realizaciones más grandes -léase Porsche Cayenne, VW Touareg, BMW X5 o Audi Q7, entre otros-. No obstante, a pesar de su reconocida capacidad off road, no han llegado a adquirir la ‘dureza’ de la que hacen gala los protagonistas de nuestra prueba.
El Toyota Land Cruiser, fruto de su origen, posee un chasis de largueros y eje rígido que le hace destacar en los terrenos más abruptos. Por el contrario, el Range Rover, con un monocasco sustentado sobre suspensiones independientes en ambos ejes con resortes neumáticos, busca un guiado y tacto de rodadura de auténtica berlina de lujo.
Es así que valorando nuestro uso más habitual -asfalto o campo-, nos decantemos por uno u otro. No obstante, hemos de aclarar que ni el Land Cruiser va mal en carretera, ni mucho menos, ni el Range Rover desmerece fuera de la carretera. Para conductores convencionales, tanto uno como otro les proporcionarán las satisfacciones que buscan y no les verán carencias, tanto dentro como fuera del asfalto. Cuando estamos hablando de automovilistas exigentes, la decisión sí puede estar más clara.
En parte, la facilidad con la que se mueven estos coches en asfalto viene dada por la increíble capacidad de empuje que les confieren sus respectivos motores. El Land Cruiser estrena un descomunal y moderno propulsor de 4,5 litros de capacidad, 286 CV y 66 mkg de par. El Range Rover, por su parte, no se queda atrás: monta un 3,6 litros de 272 CV y 65 mkg.
El propulsor del modelo británico nos parece más exquisito y más silencioso, pero este es un detalle insignificante ante el hecho de que estamos ante dos mecánicas que catapultan a cada uno de los dos todo terrenos como si de berlinas se trataran.
En la práctica, el funcionamiento de los cambios automáticos es decisiva a la hora de valorar mejor o peor las mecánicas de ambos 4x4. Y aquí, hemos de señalar que el del Range Rover, más moderno y que trabaja bloqueando el convertidor y eliminando el resbalamiento de un convertidor de par convencional, aprovecha mejor las características del motor, evitando sobrerregimen, ganando en suavidad y consiguiendo mejores prestaciones que el Land Cruiser con menor potencia.
Aun con una diferencia en el precio de partida a favor del Toyota, ambos modelos se mueven en una franja en la que pesa más el producto en sí que el aspecto económico -89.000 euros el Toyota, 98.000 euros el Range Rover. Además, ambos todo terrenos disfrutan de un estatus de imagen y de producto que los convierten en coches atemporales por mucho tiempo.
Nuestro veredicto final es a favor del Range Rover, menos antagónico que el Land Cruiser y que hace gala de un mayor refinamiento y confort en todos los terrenos.
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