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Fiat 500 1.4 Sport - Mini One: Pequeños con historia
13-12-2007
Modelos como el Fiat 500 y el Mini tuvieron hace cincuenta años una notable importancia en el mercado del automóvil, gracias a sus reducidas dimensiones y sus precios económicos. Hoy en día juegan la baza del “rediseño”, que les otorga modernidad, y evocan, con acierto y nostalgia, sus versiones originales.

Lo clásico está de moda y modelos como el Fiat 500 o el Mini entusiasman por sus diseños atractivos, como en su día lo hicieron sus antecesores, y porque gozan de una gran simpatía por parte de un público que cada vez tiene más limitaciones a la hora de conducir.

Por eso, una de las claves del éxito de estos modelos viene de la mano del diseño, que recobra protagonismo, ya que buena parte de sus argumentos se basan en ofrecer personalidad, sin limitación de aspectos funcionales.

Con estos dos modelos encontramos un ejemplo de diseño que llaman la atención
por su exterior, ya que exhiben los trazos básicos de los modelos originarios, aunque readaptados a las exigencias de calidad, acabados y equipamiento interior.

De hecho, llama la atención el interior del Fiat 500 por su parecido al original, aunque muy actual en el diseño de sus mandos y la información del pequeño cuadro de instrumentos, con un completo ordenador de a bordo. Por el contrario, en el Mini la disposición de los mandos resulta un tanto desordenada, y adaptarse a la ubicación conlleva mucho más tiempo que en el 500, donde todo está más a mano y de acceso más intuitivo.

Salta a la vista las grandes dimensiones del volante del pequeño Fiat, aunque, en esta versión 1.4, se echa de menos la función City que proporciona más asistencia para una mayor suavidad en el manejo. Aun así, callejeamos de forma confortable, sólo limitado por un diámetro de giro algo más elevado que el de los 1.2 i y 1.3 JTD, debido a la caja de seis velocidades y a la mayor anchura de neumáticos.

En el Mini, la postura de conducción es algo más “deportiva”, sintiéndonos más próximos al suelo que en el 500. Pero las dimensiones más contenidas del italiano lo hacen también más apropiado que el Mini para moverse en ciudad, disfrutando de una mayor soltura y de las ventajas de sus 15 centímetros menos de longitud a la hora de aparcar. Si con el Mini es fácil, con el 500 lo es aún más.

Detrás, en ambos el espacio es limitado, aunque dadas las diferencias de tamaño exterior, hay que señalar que está mejor aprovechado el 500. Además de un poco más de espacio para las piernas, el maletero del Fiat ofrece también 15 litros más de capacidad. En cualquier caso, viajar dos adultos en las plazas traseras no es lo más recomendable en ninguno de los dos casos.

Divertidos en carretera

Eso sí, si hay que viajar, ambos destacan por sus buenas maneras fuera de la ciudad. El 500 sorprende, siempre si lo analizamos como un utilitario cien por cien urbano. En carretera su comportamiento nos lleva a disfrutar, y mucho, de sus reacciones, mostrándose muy ágil pero sólido a la vez entre curvas.

En este terreno, el Mini está un paso por delante, fruto de un bastidor con mayor batalla y anchura de vías que le otorgan un mayor aplomo y un paso por curva más eficaz. Menor balanceo y una dirección más directa le permiten distanciarse ligeramente cuando nos adentramos en trazados con más curvas que rectas. En carreteras más amplias y que permiten ritmos más altos, ambos permiten disfrutar del buen rendimiento de sus motores, con velocidades de crucero en torno a los 140-150 km/h, con total naturalidad.

El 500 se ve penalizado por su mayor rumorosidad, que llega al interior de una forma más nítida. Donde más igualdad encontramos es en el rendimiento de sus motores, sendos 1,4 litros multiválvulas muy cumplidores, pues ambos sobrepasan sus cifras oficiales de potencia. Con 105 y 107 CV de potencia real respectivamente, el 500 y el Mini cuentan además con cajas de cambio de seis velocidades y desarrollos parecidos, ligeramente más largos en este último, para un resultado dinámico muy similar… aunque con algunos matices.

Y es que la respuesta del Mini One resulta más elástica y progresiva desde bajo régimen, lo que se traduce en marcha en unas mejores recuperaciones y en un tacto en general más agradable. El motor italiano requiere girar a mayor régimen para alcanzar su zona óptima, siempre por encima de las 4.000 rpm. También los consumos reflejan máxima igualdad y, con medias por debajo de los 7,5 litros, se puede hablar de cifras habituales en este tipo de motores.

Las opciones en diésel

Si en versiones de gasolina encontramos en ambos una cierta igualdad a través de sus variantes de 1,4 litros, quienes busquen la alternativa diésel encontrará un motor de estas características en cada caso. Pero eso si, con insalvables diferencias entre ambos, que arrancan ya en el precio, nada menos que 8.000 euros más caro el ingles, que tiene mayor cilindrada y un mejor rendimiento.

Y es que frente al 1,3 litros, en realidad más bien 1,2, de 75 CV del 500, el Mini juega la baza diésel a través de un 1,6 litros de origen PSA que, con 110 CV, se muestra muy superior lógicamente al 500 JTD. Para aquellos que se muevan de forma casi exclusiva en ciudad, el pequeño 1.3 del Fiat cumple holgadamente. Pero fuera de ella, nada puede hacer frente al brillante andar del Cooper D, que cuenta además, a diferencia del mismo motor sobre modelos del Grupo PSA, con caja de seis velocidades.


   

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