AUDI S8, CRHYSLER 300C TOURING SRT8: Especiales y diferentes
28-12-2006
Sustentados en la vertiginosa potencia que proporcionan sus contundentes mecánicas, estos dos vehículos de lujo representan un planteamiento fuera de lo común dentro del segmento más exclusivo. Prestaciones de ensueño e interior sofisticado son las señas de identidad del S8 y el 300C. Diferencias entre ambos hay, y bastantes, para empezar su carrocería, berlina, para el primero, break, para el segundo. Sin embargo, su filosofía es la misma: ser especiales.
Letra S en la gama A8. Esta asociación ya presupone una mezcla de calidad, confort, lujo, deportividad y carácter, características todas ellas edificadas a partir de un sensacional motor de 5,2 litros, 10 cilindros en V a 90º e inyección directa.
Frente a él, el 300C, con carrocería break y más de 5 metros de largo, también cuenta con unas siglas especiales, reservadas en Chrysler para sus modelos con motores de 8 cilindros o más. Y eso es lo que lleva el lujoso vehículo americano, un mastodóntico motor de más de seis litros y 8
cilindros en V a 90º, evolucionado desde el conocido Hemi, seña de identidad de la casa, gracias al trabajo en pistones -en éste propulsor con más carrera- y a la elevación de la compresión. Son nada más y nada menos que 450 CV para el Audi y 432, para el Chrysler. Con estas credenciales sobra decir que las dos toneladas que pesa cada uno de ellos no son impedimento para conseguir prestaciones estratosféricas al alcance de modelos de concepciones puramente radicales. Porque, que no se nos olvide, el “leitmotiv” de estos dos representantes es el lujo y la sofisticación.
El motor del Audi destaca por su refinamiento. Sube de vueltas con prestancia hasta las 4.000 vueltas, régimen donde deja de impresionarnos y pasa a maravillarnos. Cambia el sonido y llega a las 7.000 revoluciones en cuestión de milisegundos, momento en el que el cambio Tiptronic ordena cambiar de relación. De hasta seis velocidades podemos hacer uso.
En el SRT8, también con cambio automático, aunque de cinco marchas, el comportamiento del motor es diferente. Es brusco desde muy abajo y su empuje continúa siendo lineal hasta las 6.000 revoluciones momento en el que detiene su fuerza y en el que el cambio entra en escena para modificar la relación. La consecuencia es una ligera ventaja del 300C en el apartado de prestaciones.
Estéticamente, el 300C es más reconocible que el S8. Llantas de 20 pulgadas y escape doble recalcan esa imagen exclusiva. Al S8 cuesta más diferenciarlo, dado que estéticamente es casi un A8. Se aprecian más las diferencias entre los dos hermanos, al volante. Con una suspensión neumática adaptable a conveniencia, esgrime un equilibrio sensacional entre la deportividad exigida por el motor V10 y el confort demandado por el conductor. Firmes, pero cómodas, no filtra irregularidades e impide incómodos balanceos.
En el SRT8, la firmeza de la amortiguación también es notable, pero su modo de sentirla es diferente, se nota más dura. En el apartado de frenos, el Audi S8 frena mejor que un deportivo, pero su tremendo tonelaje acaba pasando factura a la resistencia del equipo.
Finalmente, en lo que respecta a dotación, el S8 es mucho más completo que su rival. Evidentemente, esto tiene su traslación al precio: 107.900 euros para el modelo alemán, 65.250 para el americano. Equipo de sonido Bang & Olufsen, dobles cristales o infinitud de regulaciones para los asientos son sólo unos pocos ejemplos de cómo el Audi S8 justifica su precio. Y es que a bordo de él, la exclusividad se nota mucho más que en el SRT8, modelo que se decanta por la funcionalidad como baza comercial.